miércoles, 27 de junio de 2007

Señales

Parásito es un profeta, siempre sabe cuándo retirarse una noche de juerga. Pero no solo sabe cuando ha llegado su momento sino que es capaz de adivinar cuándo ha llegado el tuyo.

Hace tiempo hablaba con el propio Parásito sobre este particular y las señales que nos anuncian que nuestra hora ha llegado. La más habitual, un clásico ya, es "La caida libre del cubata sin empezar". Los elementos: altas hora, un discobar, grupo de amigos que balbucean y se juran amistad eterna mientras el más espabilado habla con todo lo que mea agachado. El proceso: el amigo que no sabe cuándo retirarse te saca un cubata del mejor garrafón de la zona, bien cargado, como buenos chalaneros. El cubata llega a tus manos, se desliza y sin que tú apartes la vista de la morena de la barra, el cubata impacta contra el suelo del local. Tú sigues mirando a la morena mientras el resto del discobar te mira a ti. La morena hace tiempo que mira hacia otro lado con la esperanza de que no te acerques.
Has recibido la señal, tu hora ha llegado. Vuelve a casa.

Pues bien, hace algún tiempo estaba con Sr. Conejo, Parásito, y Proletario en un local de chalaneo modernillo. Parásito y Proletario se lamentaban porque un individuo simpaticón estaba hablando con tres tías con las que ellos habían intentado acercamientos semanas atrás con escaso éxito de crítica y público. Solo era un viernes más, el día había sido duro y era mi primer whisky tras varias cervezas, notaba algo de pérdida de agilidad pero aún era pronto. En ese momento noté una presión en la zona abdominal inferior, era momento de ir al baño. Entro, saludo al espejo, me meto de puntillas en el cubículo sorteando los charcos y procedo. En el preciso momento en que todo empezaba a fluir, oigo el móvil. La cosa se complicaba: una mano haciendo su trabajo de manera impecable y la otra tratando de sacar el móvil del bolsillo. El cuerpo se zarandea en el intento. Consigo sacar el móvil. Miro la hora, sonrío y lo guardo. En ese momento me di cuenta de que llevaba tiempo sin oir el clásico sonido de choque chorrillo-taza. No había sonido. Bajé la mirada y me di cuenta del porque: mi pantalón había amortiguado el impacto. Tenía un problema y una señal inequívoca.
Salí del baño, cogí mi chaqueta, la colgué de mi antebrazo tratando de ocultar el desaguisado, me despedí de mis compañeros, me bebí el resto de mi whisky de un trago y abandoné el local de camino a casa.

Había recibido la señal.

2 comentarios:

Parásito dijo...

Sólo un apunte. No habíamos intentando nada. Las risas venían pq el tipo en cuestión había entrado semanas atrás (q fue cuando estuvimos en aquel garito) a otro grupo de neskas usando las mismas frases, gestos, etc etc

Dicho he.

Señor Pedrito dijo...

The jorror, the jorror, me habéis recordado cuando intentó seducirle una yonqui de unos 40-1000 años cantándome el "with or withouth you"


Va a ser que withouth you, princesa